
Los restos de esta relativamente reciente colisión no fueron observados directamente, y fueron deducidos de las curvas de luz y espectros infrarrojos del sistema binario, los cuales muestran una extraordinaria cantidad de partículas de polvo que orbitan en un anillo que está a la misma distancia a la que están Venus y la Tierra. Según Zuckerman, de la Universidad de California en Los Ángeles: 'Esto es como si la Tierra y Venus colisionaran entre sí. Los astrónomos nunca habían visto algo como esto antes. Aparentemente las colisiones más catastróficas pueden tener lugar en sistemas planetarios plenamente formados'.
Los científicos que realizaron el descubrimiento, indican que si cualquier tipo de vida hubiese estado en aquellos planetas, se habría extinguido en cosa de minutos.
Según modelos de sistemas planetarios, estos son bastante estables luego de su formación, por lo que existen mínimas probabilidades de que dos cuerpos planetarios colisionen de forma catastrófica. Lo anterior hace que BD+20 307 sea un sistema extremadamente poco común. Más aún, si se considera que las mayores colisiones en nuestro sistema solar han ocurrido en su pasado, cuando se estaba formando.
El estudio permite ver cuales son las consecuencias de la colisión entre cuerpos planetarios rocosos en un sistema solar totalmente formado.
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