Hasta ahora la formación de estrellas con masas mayores a 20 masas solares había sido un completo misterio, debido a que bajo esas condiciones la teoría predice que durante el proceso las nubes de gas que alimentan a las estrellas masivas en formación, sale despedida por la colosal cantidad de radiación que se emite. Esta radiación se traduciría en una presión que excedería a la de la fuerza gravitacional, lo que finalmente provocaría que las estrellas en formación perdiesen su 'fuente de alimento'. Pero, la idea anterior se contradecía con la observación, debido a que sí se han observado estrellas con 20 masas solares, e incluso mayores. Por ejemplo, Eta Carina posee 150 masas solares.Un estudio realizado por científicos del Lawrence Livermore National Laboratory (LLNL) y la University of California en Santa Cruz y en Berkeley, podría responder a este problema astrofísico. Utilizando una simulación hidrodinámica en tres dimensiones, inesperadamente los científicos encontraron que estas estrellas masivas tienden a formarse en sistemas binarios o múltiples. Adicionalmente encontraron que la presión de radiación no es una condición limitante para el crecimiento de las estrellas masivas.
Richard Klein, quién trabaja en el LLNL, indica que la poca o nula importancia que posee la radiación para limitar la masividad de las estrellas, radica en el hecho de que en la simulación, aparecieron inestabilidades gravitacionales que formaron 'canales' de gas dirigidos hacia la estrella, mientras que la radiación escapaba en 'burbujas' muy transparentes. Es decir, la radiación no actuaba como un frente esférico en expansión y que arrastrando a toda la nube, sino que esta logra escapar sin problemas por medio de burbujas, en medio del colosal flujo de gas en sentido contrario que alimenta a la estrella.
A parte de que la inestabilidad produzca aquellos 'canales', también genera que la nube rotante de gas en torno a la protoestrella masiva sea inestable, creándose en esta pequeños 'grumos' que finalmente terminan siendo estrellas. En particular, en la simulación de Klein y sus colegas, apareció una estrella masiva y una estrella secundaria que incluso adquirió un disco de gas propio, y una tercera componente que fue eyectada a una órbita bastante amplia, antes de sumergirse y fusionarse nuevamente con la estrella primaria.
Cuando los investigadores detuvieron la simulación, el sistema había evolucionado 57.000 años, y las dos estrellas habían alcanzado 41,5 y 29,2 masas solares.
Ahora falta comprobar la radiación insignificante para estrellas con masas mucho mayores a las alcanzadas por la simulación realizada por este equipo de científicos.
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